Mario Benedetti - Acaso irreparable
Cuando sonó el teléfono, su brazo tanteó unos segundos antes de hallar el tubo. Una voz en inglés dijo que eran las ocho y buenos días y que los pasajeros correspondientes al vuelo 914 de LCA serían recogidos en la puerta del Hotel a las 9 y 30, ya que la salida del avión estaba anunciada "en principio" para las 11 y 30. Había tiempo, pues, para bañarse y desayunar. Le molestó tener que usar, después de la ducha, la misma ropa interior que traía puesta desde Montevideo. Mientras se afeitaba, estuvo pensando cómo se las arreglaría para intercalar el resto de la semana las entrevistas no cumplidas. "Hoy es martes 5", se dijo. Llegó a la conclusión de que no tenía más remedio que establecer un orden de prioridades. Así lo hizo. Recordó las últimas intrucciones del Presidente del Directorio ("no se olvide, Rivera, que su próximo ascenso depende de cómo le vaya en su conversación con la gente de Sapex") y decidió que postergaría varias entrevistas secundarias p...

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